Mensajes del Club Adrogué, el paso de Camarero dejó su huella
Mil metros de entrada en calor, así nos recibía Alfredo por aquellas mañanas de verano cuando de a uno íbamos saliendo del viejo vestuario de pileta del club Adrogué. Esas mañanas, aunque eran de verano, se presentaban algo frescas, así que siempre alguno necesitaba un “empujoncito” de Alfredo para entrar a la pileta. Era hermoso, su piel, siempre tostada por el sol se veía como un bronce al borde de la pileta escribiendo esos míticos entrenamientos en el pizarrón. Todos podíamos nadar, desde los que no teníamos un buen ritmo hasta los que eran campeones nacionales, Alfredo nos recibía siempre con una sonrisa y nos alentaba a mejorar, todos los días un poquito y a su vez nos recibía en un deporte hermoso como lo es la natación. Y nos recibía, también, como un padre ya que siempre (no me pregunten como) se daba cuenta de nuestros estados de ánimo, de nuestros bajones y de nuestras mejoras, de lo que habíamos hecho la noche anterior o si habíamos dormido la siesta a la tarde. También, nos tomaba como un padre y se hacía cargo de un grupo de más de veinte chicos alborotados y dos veces por año nos llevaba a Mar del Plata a nadar en el mar ¡Increíble! Más de veinte chicos que, dada nuestra edad, lo único que lográbamos era sacarle alguna que otra cana verde a nuestro Alfredo (Mientras escribo estas líneas vienen a mi mente más de mil anécdotas de aquellos viajes que darían para escribir unas cuantas páginas). Pero el siempre nos sacó adelante y a través de sus anécdotas, su vivencia, su siempre viva sonrisa, nos hizo aprender valores que siempre aplicaré en mi vida y a medida que pasa el tiempo valoro aún más! Alfredo, al ver la foto que subió el “Negro” Mariano, se me llenó el corazón de emoción, y espero que sepas que formaste parte de nuestra infancia y adolescencia y que dejaste en nuestra vida una enseñanza imborrable. Lo que trato de reflejar en estas pocas palabras es tu mayor logro, el de un formador de espíritus. Gracias Alfredo por dejarnos nadar a tu lado! Quinientos metros de ablande, termino el entrenamiento.
Leandro Monteagudo