Cruce Canal de la Mancha
En toda su historia deportiva, Alfredo Camarero siempre fue por más. Primero fue el Campeonato Mundial de Capri-Nápoles, después fue Atlantic City y ahora era el Canal de la Mancha.

Alfredo Camarero hace pie en una de las llegadas más recordadas del Canal de la Mancha (1959). Detrás, el reconocido nadador Carlos Larriera, quien lo acompañara en el último tramo.
En el año 1958 lo había intentado sin suerte, teniendo que abandonar debido a los fuertes calambres por las bajas temperaturas del agua. Pero sin darse por vencido, en el 59 volvería por la revancha.
El cruce de Francia a Inglaterra se presentaba en condiciones realmente adversas: el agua a 15º C, fuerte oleaje, vientos que daban vuelta algunos botes y corrientes transversales a una velocidad de 7 millas por hora. Además, tenía como rival a Herman Willemse (Holanda), quien luego ganaría cuatro títulos mundiales.
Este nuevo desafío no iba a ser fácil. Pero Camarero se sentía preparado. Todavía recuerda: “Hice un esfuerzo mental. Nunca dejé entrar el pensamiento negativo”.

La jornada que había comenzado a la media noche en el Cabo Gris-Nez, Francia, culminaba con la coronación del campeón en una de las playas más populares de Inglaterra.
La carrera fue muy dura, era un desafío con la naturaleza. Sin embargo, el espíritu de lucha de Camarero pudo más. Alentado durante todo el trayecto por su compañero Maciel, luchó desde la largada hasta la llegada y se proclamó vencedor.
Y en ese día de Agosto, en las costas inglesas, levantaría su copa con orgullo. Era el único dueño de la Triple Corona (Campeón en Capri-Nápoles, Atlantic City y Canal de la Mancha).
Ser nadador del Canal de la Mancha
Miguel Maciel, su compañero en las tácticas de carrera, recuerda cómo vivieron su estadía en Europa, el triunfo de Camarero y la repercusión en Inglaterra.
Algunos recuerdos de ese día…
Según contó Alfredo a alguno de los medios la concentración era en Inglaterra y después se trasladaban a Francia para la largada.
Camarero relata:
Todo comenzaba a la media noche. La carrera se largaba desde Francia, desde el Cabo Gris-Nez. Así que todos los nadadores salían de Inglaterra rumbo al Cabo Gris-Nez en barco y después en bote porque no había puerto. Entonces había que dejar el barco a unos 500 metros de la costa y llegar en bote a remo al punto de largada. Ese trayecto se hacía en el mismo barco que iba a acompañar a cada nadador.
Cuando iba en el barco eso sí… me acuerdo bien, miraba por el ojo de buey el mar, y yo jamás pensaba que yo iba a nadar ahí, miraba como si fuera un curioso, estoy viendo este paisaje…. pero no pensaba que iba a nadar en ese mar, mejor dicho no quería pensar, si pensaba no iba (Alfredo se sonríe).
Al miedo lo desecho, hay palabras que no estaban en el diccionario mío. El miedo, el no llegar, el frío, el cansancio, esas palabras no existían. Ni siquiera las razonaba, no las dejaba entrar a la mente.
Para viajar a Europa, lo hicimos en barco, con mi amigo Miguel Maciel. Primero había ido a Italia a correr Capri-Nápoles y después de ahí me manejé en tren, hasta el último tramo a Inglaterra.
El viaje en barco fue a Italia directamente, tardó unos 20 días.
Nadaba en la pileta del barco, que tenía unos 10 o 12 metros. Por eso es que nadaba atado, en el lugar. Hacía lo que podía dentro de las posibilidades de un barco.
*Extracto de la entrevista realizada en el mes de Abril y Publicada en el segmento de “Espíritu Deportivo” de Heracles con motivo del 50º Aniversario del Cruce del Canal de la Mancha de Alfredo Camarero.
Para acceder a la entrevista completa, ingrese en: http://www.heraclesteam.com/alfredo_camarero.shtml